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La noche que llegué al Café Gijón

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Foto: Planetadelibros

Ficha técnica: Francisco Umbral, La noche que llegué al Café Gijón, Austral, 2015 (1977), 286 páginas.

No es tarea sencilla abordar la figura de Francisco Umbral. Uno está dispuesto a reconocer que no puede evitar imaginar qué sería de éste en la sociedad de hoy en día, en la cual impera de forma inamovible la corrección política y la imposibilidad de salirse de unos rígidos estándares de percepción decididos por lo que se quiere hacer ver como la mayoría. Sinceramente, creo que día sí y día también muchas frases dichas o escritas por él suscitarían el interés de lugares como Twitter. Y, sí, estoy seguro de que muchas de las sentencias de La noche que llegué al Café Gijón darían mucho de que hablar. Uno lee con frescura lo escrito por Umbral, y entiende, por tanto, a todos aquellos que afirman que se está perdiendo capacidad de libertad a la hora de crear; porque, evidentemente, al personaje hay que encuadrarle en su tiempo, mas es inevitable plantearse por qué veo como una completa anomalía todo lo escrito en el libro. Me topo con una inusual soltura y sonoridad en la declaración, del autor que manda al carajo los férreos estándares tan habituales en los distintos ámbitos de creación. Asimismo, el lector celebra tan excelsa escritura. De este modo, estamos ante una precisa crónica de un Madrid y una España que se fue. La noche que llegué al Café Gijón son unas memorias. Y no unas cualquiera, sino las de un joven. Así que imagínense la nostalgia que uno puede acumular una vez finalizadas las casi trescientas páginas.

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Sobre la bajada de precio de las entradas del Museo Thyssen

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza ha decidido bajar los precios de sus entradas. Desde ahora, visitar el museo costará nueve euros, seis si la persona que acude a sus instalaciones reúne los requisitos a cumplir para hacerse con la entrada reducida. El Thyssen alcanzó de nuevo en 2019 la cifra del millón de visitantes, algo que no ocurría desde 2016[1]. Los museos españoles cerraron sus salas con motivo de la irrupción de la crisis sanitaria producida por la Covid-19 y no reabrieron sus puertas hasta el 6 de junio; sin embargo, el Thyssen optó por una estrategia diferente respecto a, por ejemplo, el Museo Nacional del Prado y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que optaron por bajar los precios pero aplicando importantes restricciones en la superficie visitable. Por su parte, el Thyssen no acometió modificación alguna de los precios de entrada al museo, pero logró mantener abierta una exposición de primer nivel como Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, 1590-1670[2], así como no hubo limitaciones en relación con el espacio a visitar, pudiéndose ver la colección permanente al completo.

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A propósito de un título

Un homenaje a la mañana del 18 de octubre de 2018

Al hacer balance de lo ocurrido en las últimas horas me han venido a la mente los siguientes versos de Ezra Pound:

«Nada hay en todo eso,

nada que sea enteramente tuyo

Y, sin embargo, todo eso eres tú».

Hice público el blog en mi cuenta de Twitter y se ha desatado un volumen anormal de tráfico de audiencia en este espacio. Y por qué no decirlo, una cantidad nada desdeñable de elogios. Qué duda cabe que esta acción ha sido el punto de partida de una historia que espero que sea larga. Muchas personas han alabado el título y es, por ello, que creo justo reivindicar los inicios de una travesía que me atrevería a decir que ha sido excesivamente larga. Seguramente, sean mi forma de ser y pensar las que me llevaron a dar con el mencionado título. Una extraña forma de pensar que ve en ello un triunfo; porque es raro asociar lo lento a la victoria. Pero se trata de una especie de hazaña personal. Y en los últimos tiempos no es que abunden las gestas en mi trayectoria personal, lo que también explica esta rareza de expresar públicamente con palabras cualquier tipo de emoción íntima que exclusivamente puede achacarse a esta euforia que aun dura. Sin embargo, se tratará de una excepción, ya que se aleja del objetivo que persigo al juntar letras en este sitio web.

Sea como sea, esto había que escribirlo. Juan Luis Panero, inspirado a su vez en Xavier Abril, escribió un célebre poema titulado «Lo que queda después de los violines». Soy consciente de que será esta frase y no los versos de Ezra Pound los que volverán a acompañarme en la travesía de los días.