Goya y la sala 64 del Museo Nacional del Prado

La sala 64 del Museo del Prado es una de las más visitadas del museo, ya que de sus paredes cuelgan dos obras capitales de la producción de Goya, El 2 de mayo de 1808 en Madrid y El 3 de mayo de 1808 en Madrid, o, si lo prefieren, La lucha contra los mamelucos y Los fusilamientos, que anuncian ─en los planteamientos formales─ la última etapa de Goya, marcada por Las pinturas negras. Pero me atrevo a decir que no se han convertido en iconos por esta razón, sino por mostrar el horror ─en su forma más cruda─ del enfrentamiento bélico.

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Francisco de Goya, El 2 de mayo de 1808 La lucha contra los mamelucos, 1814, óleo sobre lienzo, 268,5 x 347,5 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.

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Francisco de Goya, El 3 de mayo de 1808 Los fusilamientos, 1814, óleo sobre lienzo, 268 x 347 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.

El planteamiento y tratamiento del hecho histórico tendrán una influencia enorme en la historia del arte, que nos llevan a dos obras capitales del siglo XIX y XX, La ejecución de Maximiliano y Guernica, respectivamente, que, sin duda, destacan por su contenido político. Así como, probablemente, la influencia en Picasso todavía es más directa en Masacre en Corea. Ambas pinturas son fruto de la visión de Goya de los acontecimientos acaecidos en Madrid en las fechas mencionadas.

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Édouard Manet, La ejecución del emperador Maximiliano, 1868, óleo sobre lienzo, 252 x 305 cm, Mannheim, Kunsthalle Mannheim.

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Pablo Picasso, Guernica, 1937, óleo sobre lienzo, 349,3 x 776,6 cm, Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

El 2 de mayo de 1808 destaca por la fuerza del mensaje. De forma magistral, Goya pinta un combate callejero muy desigual: los habitantes de Madrid, como buenamente pueden, hacen frente a los soldados del ejército francés. El artista, a partir de una escena agitada, abigarrada, repleta de pinceladas sueltas y rápidas, logra la enorme expresividad que caracteriza a sus trabajos. Conseguida, por ejemplo, con el ensañamiento de los unos con los otros plasmado en la composición. Goya no escatima en detalles, sólo hay que fijarse en la escena central: mientras el mameluco cae muerto, un madrileño sigue apuñalándole y otro clava un cuchillo en el costado de su caballo.

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Francisco de Goya, El 2 de mayo de 1808 La lucha contra los mamelucos (detalle), 1814, óleo sobre lienzo, 268,5 x 347,5 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.

Pero son Los fusilamientos el cuadro insigne de la sala. En él se narran las consecuencias de los hechos ocurridos el 2 de mayo. Obra compleja, que ha dado pie a distintas interpretaciones, que destaca ante todo por un planteamiento magistral y, evidentemente, original ─como todo Goya─. La represalia que lleva a cargo el ejército francés en la madrugada del 3 de mayo lleva al artista a pintar las distintas actitudes y formas de encarar la muerte, consiguiendo una escena de incomparable dramatismo. Los fusilados, personas corrientes y anónimas, afrontan su fatal destino a cargo de unos franceses que no tienen rostro. Los gestos de desesperación o resignación, la luz del farol o las manchas de color refuerzan la enorme expresividad y gravedad del episodio.

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Francisco de Goya, El 3 de mayo de 1808 Los fusilamientos (detalle), 1814, óleo sobre lienzo, 268 x 347 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.

Sin embargo, El 3 de mayo contrasta con el dinamismo o movimiento del 2 de mayo; Goya pinta la tragedia en forma de espera. Pero en ambos trabajos, que se complementan, impera la sinrazón, la violencia y el caos de la guerra. Goya ya había pintado un episodio narrativo cargado de desgarro en torno a un personaje con los brazos levantados ─Un naufragio, 1794, colección particular─. Para mí la grandeza de ambas creaciones de Goya reside en la visión que aporta de un episodio de un conflicto bélico. No hay grandilocuencia, sino que pinta lo poco que puede hacer el pueblo de Madrid ante la situación que se le venía encima.

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Francisco de Goya, El 2 de mayo de 1808 La lucha contra los mamelucos (detalle), 1814, óleo sobre lienzo, 268,5 x 347,5 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.

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Francisco de Goya, El 3 de mayo de 1808 Los fusilamientos (detalle), 1814, óleo sobre lienzo, 268 x 347 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.

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Francisco de Goya, Un naufragio, 1794 ca., óleo sobre hojalata, 43 x 32 cm, Colección particular.

Por cierto, ambas pinturas se vieron afectadas cuando el Prado las trasladó por la guerra civil española. En marzo de 1938, a la altura de Benicarló, el camión que las transportaba chocó. ‘El 2 de mayo’ fue la más afectada de las dos. El aspecto actual se debe a la fantástica restauración realizada entre 2007 y 2008.  No es esta la entrada para hablar de ello, así como no privaría al lector de la lectura de un recurso de fácil acceso en la web del propio museo, en el que se cuenta de forma pormenorizada todo lo relativo a la actuación.

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Resultado (antes y después) de la restauración de la Lucha contra los mamelucos (detalle).

Ambas composiciones no están solas. La sala se completa con hasta ─habitualmente─ ocho obras más. En torno a 1815 Goya pinta dos autorretratos muy parecidos entre sí, el del Prado parece una variante de la obra de la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando. Ambos comparten la fuerte carga psicológica y la expresividad de las miradas. Aunque la expresión de las caras es distinta. Goya logra que el espectador centre su atención en el enérgico rostro, reflejo de todo lo vivido. El museo, en la sala 38, expone otro autorretrato de Goya, de muy reducido tamaño, realizado 20 años antes ─1795─. De todos, yo me quedo con el retrato del anciano Goya, de gran carga psicológica, realizado por el extraordinario pintor Vicente López.

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Francisco de Goya, Autorretrato, 1795, óleo sobre lienzo sin forrar, 18,2 x 12, 2 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.

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Francisco de Goya, Autorretrato, 1815, óleo sobre lienzo, 45,8 x 35,6 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.

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Francisco de Goya, Autorretrato, 1815, óleo sobre tabla, 46 x 51 cm, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Captura

Vicente López Portaña, El pintor Francisco de Goya, 1826, óleo sobre lienzo, 94 x 78 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.

El retrato de Fernando VII o el controvertido Coloso, del que se sigue y seguirá discutiendo la autoría ─cuya composición es verdaderamente original─, están acompañados por dos bodegones, Aves muertas y Un pavo muerto, que ilustran interesantes aspectos técnicos de Goya.

Captura

Francisco de Goya, Un pavo muerto, 1808-1812, óleo sobre lienzo, 45 x 62 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.

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Francisco de Goya, Aves muertas (detalle), 1808-1812, óleo sobre lienzo, 45,5 x 62,5 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.

La sala 64, a pesar de estar normalmente concurrida, es un privilegio para el espectador. Los dos cuadros principales, al ser de gran formato, se pueden ver bien a pesar de haber más visitantes al mismo tiempo. Así como, lo que las rodea, merece mucho la pena; como todo Goya, que nunca deja indiferente. Es una sala que es el preámbulo de la que, en mi opinión, es la producción más relevante del artista: Las pinturas negras. El Museo del Prado es depositario de la colección de obras más importante sobre Goya y en parte es por poder ofrecer al visitante ambas salas enfrentadas. Y esa experiencia ninguna colección del mundo lo puede ofrecer.

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Francisco de Goya, El 3 de mayo de 1808 Los fusilamientos (detalle), 1814, óleo sobre lienzo, 268 x 347 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado.

Créditos enlaces:

– Web oficial del Museo del Prado.

El Bicentenario lleva al Museo del Prado a hacer récord de visitantes.

 

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«Ha sido todo un éxito. Nuestros objetivos se han cumplido. Mucha gente ha venido al Prado este año por primera vez y estamos muy contentos[1]».

Esta es la valoración que hace Miguel Falomir, director del Museo del Prado, de las 3.353.685 personas que han visitado el museo en el año de su Bicentenario. Sabiendo que superar 2016, año de la exposición de El Bosco y anterior cifra récord, es meritorio, pensaba que el aumento sería algo mayor. De forma breve, expongo cuáles son para mí las razones que lo explican.

¿Y por qué esperaba que fueran más las personas que se hubieran acercado este año al Museo del Prado? En parte, porque el propio Falomir ya había anunciado, semanas atrás, una nueva cifra de récord de visitantes, pero, sobre todo, el Prado ha estado hasta en la sopa: una difusión sin precedentes, que ha sido posible por un esfuerzo colectivo comandado por todos los medios.

Asimismo, este nuevo récord va a ser muy complicado de mantener, el presupuesto va a ir destinado al Salón de Reinos y, ni de lejos, va a disfrutar del mismo escenario propagandístico.

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El proyecto de Norman Foster y Carlos Rubio fue el elegido para la rehabilitación del Salón de Reinos

El Museo del Prado ha apostado por un gran despliegue de actividades y eventos, así como creo que las exposiciones han estado bien pensadas: Se han utilizado los dos gran baluartes: Goya y Velázquez, la segunda retrospectiva sobre mujeres pintoras o aprovechar la restauración de La Anunciación.

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Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, muestra central de las exposiciones programadas por el museo por su Bicentenario

Pero, quizá, se ha echado de menos una mayor cantidad de préstamos realmente impactantes, como, por ejemplo, La dama del armiño; o que la exposición que celebraba los 200 años de historia del Museo del Prado haya estado integrada en su mayor parte por obras del museo.

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La dama del armiño, una de las más relevantes y cambiantes atribuciones de los últimos tiempos

Para mí el Rijksmuseum ha conseguido mejores obras que el Prado en su Bicentenario para su versión de ‘Miradas afines’, lo cual es relevante. Aunque, por supuesto, ha habido obras muy emblemáticas que hemos podido ver como Los síndicos de los pañeros.

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Rembrandt, Los síndicos de los pañeros, Rijksmuseum, 1662

No creo que sea el único amante del museo que ve nubarrones en cómo se han hecho las cosas. Creo que la muestra por los 200 años quedó en menos de lo que se esperaba, pero lo más importante y, por tanto, el gran fiasco es no poder celebrar ninguna adquisición y donación a la altura. Por no decir que se ha perdido la oportunidad de convencer en meter dinero en el museo ─al margen de la interminable cuestión de la Ley de Mecenazgo─.

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Museo del Prado 1819-2019. Un lugar de memoria, la exposición que inauguró el Bicentenario

Pero es indudable que el museo, gracias a su Bicentenario, ha estrechado lazos con la ciudadanía a partir del despliegue especial por los 200 años y eso creo que es lo importante. 

Notas:

[1] «El Museo del Prado bate su récord histórico de visitantes con el Bicentenario: 3,3 millones», El Español, [https://www.elespanol.com/cultura/arte/20191219/museo-prado-record-historico-visitantes-bicentenario-millones/453205171_0.html] (Consultado el 19 de diciembre de 2019).